
Ezra Pound y Charles Bukowski tenían los ojos verdes, como yo. Mira por dónde… ya somos tres… pero a mí nadie me entiende como los entienden a ellos… o nadie hace un pequeño esfuerzo por entenderme… ni puta falta que hace.
Aunque, la verdad, ayer leí de corrido un par de libros viejos, de mi primera época, y me pareció que quien los escribió [yo] era un imbécil que aún andaba a gatas con treintaitantos años. Debí tener alguna crisis de identidad para publicar aquella podredumbre o lo mismo estaba loco por ver mi voz atildada en letra impresa.
Me pregunto cómo me tomaré dentro de diez años las palabras que escribo ahora, cómo me avergonzaré de ellas, cómo las negaré.
Escribir es un insulto hacia mí mismo… pero tengo los ojos verdes, como Buk y como Ezra, aunque no me sirven para demasiado.

Yo también tengo los ojos verdes y no me reconozco en lo que escribí hace años, nos pasa a muchos (sobre todo lo de los ojos verdes)pero eso es bueno amigo, forma parte del cambio, sólo los mediocres permanecen igual toda su vida.
ResponderEliminarUn abrazo.
Para sus pupilas negras.
ResponderEliminarhttp://mquinadecoserpalabras.blogspot.com/2008/01/manuel-rivas-para-ngel-gonzlez.html
http://www.youtube.com/watch?v=-mFQ8vf4_5c&eurl=
ResponderEliminarTango de la Semana Negra
Joaquín Sabina
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Carvalho y Philippe Marlowe primos hermanos,
qué malinches tan cine made in aquí,
qué pinches gachupines tan mejicanos,
cuanto republicano sin pedigrí,
qué hueste tan ilustre de trashumantes,
qué arciprestes sin fe ni sombra de luz,
qué nietos de sor Juana Inés de Cervantes,
qué mapa del revés, qué caras, qué cruz.
Qué noches de callejón sin salida,
derroche, Tenampa patria querida,
mi coche vuela en dirección prohibida
rumba a la Semana Negra
que le alegra el corazón a Gijón.
Qué cura José Alfredo pa’las heridas,
quién dijo non plus ultra, se equivocó,
qué vuelo de pañuelos de despedida,
que tren de Agathas Crhisties de Benidorm,
qué escocés en las rocas tan insurgente,
cuánta boca con dientes que amortizar,
perdí mi pasaporte, señor agente,
el norte no es tan norte, cerca del mar.
Qué noches de callejón sin salida,
derroche, Tenampa patria querida,
mi coche vuela en dirección prohibida
rumba a la Semana Negra
que le alegra el corazón a Gijón.
Los begin the begin, cuando terminan
estilo Lauren Bacall, dicen que no,
qué putas son las musas de las esquinas,
siempre acaban con otro mejor que yo.
Qué zócalo en el alma, viva Chavela
elemental dear Watson, traduzca usted,
crimen en Maracaibo, nueva novela
de Paco Ignacio Taibo, sale este mes.
Qué noches de callejón sin salida,
derroche, Tenampa patria querida,
mi coche vuela en dirección prohibida
rumba a la Semana Negra
que le alegra el corazón a Gijón.
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Mi querido Luís Felipe, mis ojos son verdes y grandes, según dicen, me enteré de que eran verdes en el instituto, cuando una compañera cercana me dijo que le daban envidia. Ella los tenía y los tiene, negros como el profundo mar.
ResponderEliminarYo no sé si reconocería mis escritos, porque mi ordenador, cambiante y ausente, los ha fagocitado todos, me he quedado sin añoranzas y sin memoria. No recupero nada, no había papel. Nunca es mejor así, es bueno reconocer que no te reconoces, aunque sigas siendo el mismo y son tus palabras las que, ahora, con el paso del tiempo, no te reconocen a tí.
Un abrazo compañero de instituto, de universidad, de pueblo y de vida. Yo sí te reconozco.