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Generar dopamina.


El hombre se torna infeliz por la angustia de Dios, esa cosa traída envuelta en miedo y sufrimientos por la que se considera que los dioses –cualquiera de los que imaginemos– tienen en su mano la posibilidad de castigo… Esto para los creyentes, claro.
Para todos, incluidos los no creyentes, hay una circunstancia común que pone dolor y temores. Esa circunstancia es la muerte, que siempre viene acompañada de un sentimiento negativo que nos hace rechazarla como idea de normal pertenencia a lo vital. Tal percepción viene siempre traída junto a la consciencia de la fragilidad humana, junto a la inexorabilidad y junto a lo irreversible… Si embargo, el valor máximo de la muerte es que jamás admite dudas, pues contiene la calidad de certeza, y quizás de ahí nos llegue el mayor de los temores, de que es la única certeza que el hombre tiene desde que puede razonar, de que no admite dudas ni posibilidades, de que es el tiro hecho en el que no podemos influir de forma alguna y, por tanto, no nos deja lugar al juego de los caminos ni al de la posibilidad.
La enseñanza fundamental que yo obtengo de todo esto es que el hombre lo es mientras está en el camino, mientras busca y espera [ambas cosas a la vez], mientras es capaz de generar esa dopamina necesaria que procede del deseo [independientemente de que resulte frustrado o con éxito]. Soy porque deseo y busco, porque espero cambios y juego a propiciarlos, porque nada [excepto la muerte] es capaz de ofrecerme un resultado objetivo mientras estoy en proceso de gestión.
La muerte la poseemos como certeza desde que tenemos la vida y esa calidad es la que nos frustra, y contra esa certeza solo podemos luchar desde la serenidad y la tranquila aceptación hasta conseguir idearla con un paso seguro y necesario, un paso definitivo y correcto para que la vida siga su curso normal.
Quiero tener cosas que hacer, debo tener cosas que hacer, necesito tener cosas que hacer… para no terminarlas jamás… Ahí está la potencia de la vida, la belleza y su caos.

Comentarios

  1. ¡Joder! ¡Qué bien está! ¡Eres un genio!

    Muchas gracias, de veras. ¡Qué bonito se ve el cine Doré y cómo lo echo de menos!

    Y si te da por pasearte por París, no se te olvide avisarme y la liamos.

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  2. Es mi viaje pendiente... ir a París, amigo.

    Jo, si pudiera...


    Un abrazote.

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  3. Justamente, ese es el sentimiento vitalista que te impulsa a seguir,con miles de motivos individualizados en cada persona,y en vosotros poetas,y en ti particularmente, propiciado por el deseo que te lanza a una busqueda interminable de nosesabeque, (tu si lo sabes),que nos colma (a los que te sentimos y leemos)y nos lleva a un sentimiento común entrelazado con palabras. Sigue deseando.

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  4. No me puedo creer que no conozcas París...
    Un abrazo.
    Te leo y te sigo leyendo.

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