

A la hora de la comida se acercó hasta mí mi hija Mariángeles para darme un besote y entregarme una de las fotos que tiene pegadas en la pared de su habitación. Me emocioné, pues la imagen es una obra del amigo Luis Rodríguez en la que estamos juntos y abrazados Ángel González, mi hija y yo.
Recuerdo perfectamente que la fotografía la tomó Luis en La Alquitara bejarana un ratito antes de que Ángel comezara su lectura emocionada y emocionante [yo tengo mi mano pintada de tinta china, pues acababa de realizar un dibujito en un ejemplar de ‘Travelling’ con el fin de regalárselo a ese pedazo de poeta.
Recuerdo de aquel día que comimos en La Venta del Bufón junto a un numeroso grupo de amigos entre los que estaban Fernando Rodríguez de la Flor, José Luis Morante, Javier Sánchez Paso, Antonio Gutiérrez Turrión, Francisco Jiménez y Luis Rodríguez. Ángel, agotado de la noche anterior –bebimos como cosacos– se disculpó para echarse una siestecita en su hotel –el Hotel Colón– y Fernando R. De la Flor y yo perpetramos la edición del ya editado libro de Aníbal Núñez que lleva por título “Cartapacios”.
A las siete de la tarde –la hora Hemingway para Ángel– pasamos a recogerle por el hotel y estuve a punto de cargarme al maestro arrancando mi coche cuando estaba intentando subirse a él.
Fue un día maravilloso e inolvidable en compañía del maestro, que lo remató con una lectura brillante en la que no faltó mi hijo Felipe haciendo una de las suyas, ya que mientras Ángel recitaba uno de sus poemas, Felipe, que estaba sentado en el suelo, justo frente a la mesa del poeta, se levantó y arrastró consigo el micrófono con un ruido ensordecedor que nos dejó a todos aturdidos.
Hoy estoy muy emocionado de tener esa imagen en mis manos, de meterla por mis ojos como queriendo recuperar al maestro para abrazarle de nuevo entre sonrisas y junto a mi hija.
Ángel ya es el bello silencio de las fotografías y una poética que no dejará de latir jamás, por los siglos de los siglos.
Gracias, hija.

"... y se aferró al último suspiro de los muertos..."
ResponderEliminarA.G.
Es curioso, pero cuando el otro día me enteré del fallecimiento del Maestro, mi primer pensamiento fuiste tú. Ni siquiera sabía si os conocíais, pero pensé en ti. Hoy me doy cuenta que, cuanto más te leo y más te conozco (o menos, según se mire), más me recuerdas a él. Érais almitas gemelas, se nota en vuestras palabras, en vuestra manera de sentir...
Se marchó el Maestro,
Ánimo Sr. Comendador!
«Largo es el arte;
la vida en cambio corta
como un cuchillo
Pero nada ya ahora
-ni siquiera la muerte, por su parte
inmensa-
podrá evitarlo:
exento, libre».
Qué más quisiera yo que poder acercarme a un 10% de lo que fue y es Ángel.
ResponderEliminarGracias por el afecto, de verdad.
Un beso.
Igual que a Donce, la primera persona en que pensé tras el fallecimiento de Ángel González fue en ti. Tú me lo descubriste hace años en Béjar, y es uno de los poetas que más he leído desde entonces. Conservo un par de libros firmados por él cuando estuvo en la Feria del Libro de Valladolid, y no suelo marear a la gente para que me firme nada. He sentido mucho su muerte.
ResponderEliminarMucho ánimo, Luis Felipe, un abrazo muy fuerte, y espero verte más pronto que tarde.
Manolín.