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Es hermosa… estoy solo.

El cuerpo de la mujer chorreaba un sudor de fresas calientes y yo pensé que era por mí [cándido varón tardío], pero era el jugo atrevido de la fiebre. Me gustan a veces las mujeres enfermas [si se dejan querer y cuidar] y también las que tiene tendencia a entristecer de pronto [deben ser las secuelas de mi época de lector de la poesía romántica anglosajona]. La habría besado con verdadero deseo y me habría dejado entero entre sus brazos derrotados por las malévolas bacterias. Pero solo estaba en mi cabeza, hecha a mi capricho hoy, con los ojos cargados y la nariz rojita, tirada en el camastro como para pintarla sin prisa, expuesta solo a mis ojos y a su enfermedad pasajera.
Una mujer enferma de levedad es absolutamente bella, porque es resignación de lo físico y rendición en los ojos, carne y esqueleto sin adherencias de pose o de teatro… entonces imagino a una huella en el barro pariendo un muerto, me turbo si mi sombra se mezcla con la suya sin tocarnos [es divino jugar al contoneo y a la mezcla de las sombras, caminar por las calles y ser consciente de que tu sombra se abraza a otra sin que el cuerpo que la proyecta sea sensible a ello… es casi como el amor físico… probadlo], lanzo bocanadas desde mis pulmones para que penetren en su cabello como una angustia… Ser y no estar en el cuerpo que deseas, pertenecerle como en una transparencia y que no alcance la consciencia de tal posesión. Es bellísimo y profundamente enervante jugar con todo lo que emana distraído de un cuerpo que se desea… y bastante menos peligroso que el tacto o la mezcla de salivas. Es amar el olvido del ser al que te enfrentas por deseo, amarlo en el misterio de lo que no controla.
Busca la posición en la que habrá de quedarse por un tiempo cortito para engañar al dolor de la cintura, abate sus párpados como un ansar afanado en el plomo que llegó hasta sus vísceras e intenta apretarse a un sueño que derrame ceniza y se vuelva legañas… yo la miro distante, en silencio, y la veo tan nítida… que llego hasta a dudar que solo exista en mi cabeza estrábica.
Es hermosa… estoy solo.

Comentarios

  1. Debe ser muy hermosa Sr. Comendador. Muy mucho!
    casi tanto como esta entrada tuya, que me ha recorrido el cuerpo como un escalofrío, porque si yo supiera, si yo fuese capaz, podría haber d-escrito cada una de las palabras que has pronunciado.
    Ser y no estar... me siento sola.

    Por cierto, la tal "belleza" debe ser muy elitista, pq he estado un par de días "levemente enferma" y ni aun así me visitó la muy aggquerosa, es más, hasta podría decir que mis pintas eran de bruja Lola...
    Un besito.
    Donce

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  2. Hacía tanto tiempo que no venía a leerte y te veo hermoso; aún más que la última vez

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  3. Sé de alguna mujer que cuando está enferma se dejaría cuidar y querer, pero generalmente se siente más sola que nunca. La enfermedad aun siendo leve, ahuyenta al personal. Lo de besar con deseo a la amada enferma es más propio de la ficción. Sé también de más de una que tiende a entristecer de pronto, pero no por eso percibe que atraiga a nadie. El encanto de la mujer de tu relato reside en su hermosura y su juventud: la levedad y languidez que emana vienen añadidas. Y que conste que el personaje de tu entrada de hoy me enamora. ¿Por qué convetirlo en el narrador de la novela que un día podrías escribir...? jeje

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  4. En el comentario anterior (penúltima línea), léase "Por qué no convertirlo..."

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  5. Sin adornos ni atrezzo, limpia, en una concupiscencia sin adjetivos, ebria de ojos, qué bonita entrada.

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