
Estuvo guay.















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Eché la tarde en el súper [estaba desabastecido, coño, que no había carne ni galletas, ni esa leche Asturiana con fibra, ni el jabón líquido, ni la mayonesa que usamos a diario… y eso que andan diciendo que la huelga camionera ha remitido] con casi placer, porque no había nadie [que aproveché el fútbol europeo para mi salida de compretas, ya que la selección no me pone de momento]. A falta de los productos de la lista, nos hinchamos a meter flanes y yogures en la cesta por eso de no morirnos de inanición e intentarlo de empacho.
Luego me quedé enganchado al partido de España [sin intención, claro] y me aburrí como una ostra hasta el punto de que cerré un ojo y luego el otro con intención de abrirlos de ya, pero el tiempo es caprichoso y ya andaban los telediarios en su dale que te pego. Toda la tarde a la mierda, coño, que me había propuesto hacer un par de cosillas y visitar la recién abierta Venta del Bufón. Así las cosas, con el sábado plano, me vine hasta mi estudio con el fin de rematar el día con algo sólido [palabras, vamos], pero solo me salió contar esta pavada, y ando ahora perdido, sin saber si meterme en un rollo Esther Morillas, como aquél de “Un amor tibio no puede dar tristeza…” o en una semblancita pitopáusica de este tipo que me lleva por ahí todos los días a hacer el ganso.
En fin, a un día malo, una entrada peor.
La vida, Luis.
ResponderEliminarY no hay entrada mala sino lectores poco cómplices.
Nota técnica: agradezco (mucho) que haya usted tenido a bien colocar mi paginita en su columna de Colegas. Por tal querría tenerme, pero al picarla (Curiosity killed the cat, que alguno diría) sale una cosa de esas que no van a ningún sitio y que a mí me parecen como el limbo secreto de la Red, el paraíso cerrado o el orden impreciso que quiere desordenarse o viceversa, no sé. Además (mi padre en esto me advirtió bien) es Emilio Calvo de Mora, que es el primer apellido, siendo Villar (que no lo pongo) el materno y segundo. A todo lo cual, conforme voy escribiendo, voy advirtiendo de la poca originalidad de mi comentario, que no tiene nada que ver con nada que haya usted escrito. O sí. De todas formas añadir (me parece que para la incontinencia semántica debe haber fármacos buenos) que qué bien me lo paso en su página. Escrita desde las tripas: cargada desde la misma fibra, allá esté ésta donde quiera estar. El lector, el pasmado, sí que tiene acomodo para perderse cuando le place en las palabras. Pues ya está. Ahora (el día ha sido jodido) me acuesto.
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