Ir al contenido principal

O me rompo o reluzco.


Ayer me quedó relatar el peloteo magnífico con un balón de fútbol de Manolo Pavón y Pedrito Cubino junto a otros sesentones en la Plaza Mayor [los jacintos], mientras el gachupino del balcón sobre el segundo arco tenía puesta a tope su música jevilona con las puertas abiertas hasta atrás.. una estampa para haberla fotografiado, coño… pero no llevaba mi cámara.
•••
Asiduos de esta patria, gente buena que extrañamente juega a desfigurarme recibiéndome, os quiero hacer partícipes de que el próximo amanecer me haré de porcelana con dos faunos polícromos de trazo delicado esmaltando mi espalda a puro fuego de horno. Tomo esta decisión porque estoy agotado de ser de carne y huesos, de envejecer al costado sombrío de los árboles y de perder mi cabellera con los días.
No cambiará demasiado mi voz, aunque habrá un eco interior imperceptible. Seré de piedra hecha, artificial entero, igual que un arlequín vaciado en Castro o una taza de Petri. Contendré lo que llegue, pues ya seré vasija, y tenderé a romperme porque me haré tan frágil como el progenitor adolescente o las hermosas tardes infantiles con merienda y Meccano.
No entiendo el mundo, ni siquiera las facciones de su cara tranquila.
Me haré de porcelana para no correr más riesgo que el de romperme en una astronomía de trocitos que también serán yo.
Podría interrumpir el proceso si las cosas cambiasen y quedase cegado por el cambio, si alguien me prestara su sensibilidad por horas o la muerta sibila augurase días nuevos y distintos en los que no existieran las lenguas sucias, pero sí el riesgo.
Quiero aspirar al tedio del objeto, a su frío inequívoco y al reflejo curioso del barniz; quiero olvidarme de la angustia, de la fisonomía de los necios que muerden el corazón con saña, de la infección que corre entre la gente con la mirada clorhídrica, de los innecesarios que lo infectan todo con su aguijón vacío, de las gentes de orden y las mucamas réprobas que roban a los ancianos las últimas monedas… quiero olvidarme del leguleyo y del que todo lo articula, del mal medicinal de las verduleras que malmeten y hablan bajito, de los que no dan la cara para herir y se anuncian en jodidos titulares si hay elogios. Yo me prohíbo a todos ellos porque no me parecen oportunos.
Haré en mi cueva infecta una rotonda en la que solo habitemos yo y la fidelidad a mí mismo… en ella me expondré y seré el licaón y la mandrágora, el número impar y la plana superficie que contiene mareas interiores en las que zozobrar, el ciprés y la aldaba de mi puerta sin puerta, el anciano sin tímpanos, el misterio de Eyasy, la redoma donde se cuecen los días infinitos repetidos.
Seré mansalva mientras mi porcelana toma el tono del vidrio, y tendré entendimiento, pero nunca jamás volveré a lo vulnerable de medio tono.
O me rompo o reluzco.

Comentarios

  1. Como una preciosa escultura en el dintel de un edificio modernista e inexistente.
    Si.

    ResponderEliminar
  2. te veo de porcelana, azul y verde, como un peregrino camino de compostela, descansando al borde de un camino, roto de andar persgiguiendo ese sueño que nunca te abandonó, y libre, libre de ser lo que quieras por una vez, sólo una, con tu barba blanca y con un cigarro en la boca, haciendo oes mientras imploras al cielo que no deje de brillar tu corazón grande y esperanzado.

    bicos,

    ResponderEliminar
  3. Vamos Felipe, templanza. No te pongas así. Las diosas cuya bondad fulge a través de su belleza, están por encima de nuestra debilidad como mortales. Su presencia redime nuestros errores y flaquezas por adorarlas, incluso las indiscrecciones y licencias poéticas extemporáneas o mal interpretadas.
    Un hereje idólatra.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Por favor, no hables de mí... si acaso, hazlo de ti mismo...

Entradas populares de este blog

NO SEAS NUNCA COMO YO

Casi cinco meses de vida tranquila juntos, Mario. Yo viéndote crecer y adquirir pericias y tú mirándome, a veces perplejo y a veces encantado de verme (porque los abuelos hacemos cosas que no hacen los padres, como sacarte del carrito y achucharte cuando lloras y hay que dejarte tranquilo para que encuentres el sueño).  Casi cinco meses y ya me has llenado de endorfinas (porque el abuelo canilllas blancas es pura química orgánica), me has perfumado de ese olor tuyo a bebé, que es el único que en mi mundo supera al olor del tabaco, y te has hecho centro de todo, pues te veo y me olvido del banco que me tiene medio asesinadito, de los clientes que están esperando en la puerta y hasta de este dolor cabrón que llevo en la rodilla desde hace unas semanas. Y lo mejor, lo mejor de todo, es que, cuando llegas, te miro y sonrío, y tú me devuelves enseguida una sonrisa a medias con hoyuelo  al ladito derecho de tu boca. Entonces te cojo y te achucho, te acerco a mi mejilla y siento ese lazo qu…

Mario

Mario fue un corredor de fondo que ha legado el nombre a mi nieto para perpetuar en él su memoria, y me gusta, me gusta mucho que mi bebé tenga en su nombre una razón y un contenido, que lleve el signo de una amistad indeleble y el valor hermoso del recuerdo. Mario, hoy mi nieto, es divinamente vulnerable, delicado hasta el suspiro, bellísimo en sus gestos y causa absoluta de orgullo personal. Su madre, mi hija, me ha hecho el regalo más precioso que se puede hacer a un padre, y lo ha hecho con valentía, sin miedos, siendo una mujer entera en todo el proceso y demostrándome que algo tuve que hacer bien en su educación y en su formación como persona. Jaime, el padre de mi nieto, es un padre ejemplar, preocupado, atento siempre a las necesidades de mi hija y de su hijo, y yo le estaré eternamente agradecido por su forma de ser hombre y por el amor entero que se percibe constantemente en su trato hacia mi niña y hacia mi bebé. Gracias a los tres por hacerme tan feliz.
Por lo que a mí se …

Ocho días sin Mario

No sé cómo explicar que el decurso vital me sujeta al espacio que habito, que los proyectos urgentes me requieren al pie del cañón y que el trabajo de mierda que tramito a diario me impide hacer exactamente lo que debiera hacer. Cada día recibo fotos y vídeos de Mario: durmiendo, recién bañado, antes y después de la toma, tumbado como un rey con su pañal como único vestido..., y presiento a mi niño abrigado por sus padres, cuidado hasta el más mínimo detalle; pero me siento mal por no estar allí cada cinco minutos para contemplar su sueño, para asombrarme con cada uno de sus gestos o para colocar uno de mis dedos en su manita y sonreír mientras lo aprisiona levemente.
En todo caso, pienso en que sus padres ahora necesitan espacio, que nadie los moleste, y eso me calma un poquito..., y también me calma el tener muy claro que todo lo que hago también lo hago por Mario, para que algún día sepa que ser humanista es el camino correcto, que trabajar para un futuro con dignidad es un buen pl…