
Reposar los pies sobre un escabel de huesos barnizados y mirar los suburbios de mí mismo, y reprobarme con el gesto torcido porque hice otra vez lo que quisieron otros y no lo que yo deseaba. Abrir el estuche de las cuchillas y sacar la Gillette dorada para probarme en el abatimiento [¡no hay güevos, no hay güevos!]. Hacerme larva en el bulbo raquídeo y jugar con la voluntad propia y abstenerme del fósforo preciso. Esconderme de mí bajo una falda plisada de cuadritos. Dibujar el magnetismo que me afecta [las mareas, las miradas, la ‘g’ física –9,8–, los astros…]. Sumirme en una sombra femenina y saber que el eclipse enciende el negro. Ser proscrito de mi fatalidad y entenderla como el azar de la supervivencia. Ser víspera de mi mañana con raro conocimiento. Entristecerme en grados, como la temperatura. Seducirme mirándome hacia abajo. Ingerir mi saliva como una reliquia letárgica y pensarme pecando. Espantarme de haber salido ileso hasta ahora. Sedarme con jadeos recordados. Serenarme en los flagelos de todas las bacterias que alimento…
Y es que soy el bufón enterrado, al que nadie pudo desterrar, al que han hecho silencio las gordas con afanes políticos y los necios con mando… el bufón que merienda ironías con pan de molde y se regodea en la suerte de otros por no tenerla propia… el bufón marcado por la mancha escarlata de haber tomado partido demasiadas veces… el bufón que acompaña al vencedor sin adularle, y que recibe la sonrisa miserable como una daga atravesando el sexo… el bufón que conoció el amor y perdió la mirada sostenida, el que se quedó sin cascabeles en las tirillas collares de fieltro y ya nadie sabe si vengo o voy.
Y me encanta no ser para los que sujetan los títulos de ser, no ser para los que degluten afanes de estar en los anales de los hombres, no ser cuando el amor ni cuando el sexo…
Hoy estoy algo extraño, y me lo noto aquí, justo donde mi barba hace costura con el cuello.
No teniendo nada que ver con lo escrito, aunque quién sabe, Luis, quién sabe: he hablado hoy un rato, breve, aunque intenso, con nuestro amigo Manuel Lara Cantizani y me ha mandado recuerdos para usted. Se los he dado ya. Me dice que pronto habrá ocasión de que os veáis. Que yo, por estar cerca, me apunto a echar una cerveza con ambos. En Lucena, muy mariana villa, por cierto... Abrazos. Cuídese.
ResponderEliminarCari, todos hemos sido, comos y seremos bufones de otros (los que van de listillos y los miserables)en algún momento, pero eso forma parte de la historia vital y hay que poner a cada cual en su página correspondiente, a algunos en la de necrológicas.
ResponderEliminarPiensa en los que te queremos y respetamos porque siempre estaremos en el mismo sitio.
Un besazo.