
El constante latido de mi hija ahí afuera y otros asuntos serios que me acucian, me tienen estos días como un tren desmedido que va a ninguna parte... herido, devorado, imbécil para todo, incapaz...
Por eso ayer me escondí en mi estudio y me desaté en las manos buscando una salida a esta cabeza a punto de estallar [siempre busco en las manos un trazo que me alivie] y comencé una historia de mí hacia no sé dónde que requiriese trazos hasta agotar los músculos y dejarlos vencidos. Primero puse el título, como siempre ["Busca mi olor"], y luego me engolfé en unos dibujos que llenan mi libreta solidaria de una caligrafía absurda... fue una fiebre total: 10 horas dibujando sin parar hasta que quedé profundamente agotado y pude pillar el sueño.
Hoy estoy como nuevo, quizás algo más viejo y desgastado, pero con una hermosa sensación de aire que entra.
Dibujar es una terapia extraña que cura exactamente donde duele.
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Busca mi olor, que el rastro está caliente y el aire te es propicio, pues no cambia desde hace unas semanas su estiaje. Busca mi olor en las cenizas recientes que la llama voraz dejó hace un rato sobre el tamiz que es borde de mis cosas. Busca mi olor, su cénit, su caída, sus huesos destrazados, su deseo, su cúpula de piel, su lamer suave, su incontinencia hermosa que no cede.
Busca mi olor y, si lo encuentras, sabrás de la flaqueza de lo tibio, de la luz del fracaso, del engaño en que muda quien seduce.
Si logras conservarlo en un frasquito con hambre de matraz y quemadura, tendrás para unos meses mi misterio golpeando en sus paredes ovaladas... golpeando en tus tendones, en tus yemas, en tus uñas pintadas, en tu vientre, en tu azul esplendor, en tu muñeca.. siendo pulso y umbral de lo que somos, siendo furia, rescate, pasos, huellas.
Busca mi olor, que el rastro está caliente y el aire te es propicio, pues no cambia desde hace unas semanas su estiaje. Busca mi olor en las cenizas recientes que la llama voraz dejó hace un rato sobre el tamiz que es borde de mis cosas. Busca mi olor, su cénit, su caída, sus huesos destrazados, su deseo, su cúpula de piel, su lamer suave, su incontinencia hermosa que no cede.
Busca mi olor y, si lo encuentras, sabrás de la flaqueza de lo tibio, de la luz del fracaso, del engaño en que muda quien seduce.
Si logras conservarlo en un frasquito con hambre de matraz y quemadura, tendrás para unos meses mi misterio golpeando en sus paredes ovaladas... golpeando en tus tendones, en tus yemas, en tus uñas pintadas, en tu vientre, en tu azul esplendor, en tu muñeca.. siendo pulso y umbral de lo que somos, siendo furia, rescate, pasos, huellas.
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A este babor mío soplan ballenas blancas con un no sé qué funerario que me hace venerarlas como a vírgenes turbias, nítidas en su lecho, fragmentadas. Persigo a esas ballenas cada amanecida con la breve ilusión de ponerlas sobre el mantel de cuadros rojos o tenerlas como mascotas en jaulas de canarios, y cambiarles el agua cada día y echarles ese alpiste que dibujo con mi Stabilo negro para que me coman poco a poco y su vida termine siendo mi muerte exacta. Tenerlas allí, justo al lado de los carneros degollados y colgados en canal, frente a la púrpura de la sangre de mis últimas heridas, sobre el café de abstemio que tomo cada día y muy cerca de ese libro de heráldica que contiene un millón de apellidos para vaciarme el nombre.
Pip, cuida mi campo de amapolas amarillas.
He leído tu entrada anterior, Felipe, y no sé qué decirte, exepto que casi se me saltan las lágrimas (yo tengo un hijo de 18 años) y comprendo tu dolor, tus dudas, du impotencia y tu puñetazo. Y qué bien escrito (aunque ya sé que para ti la excelencia de las palabras es lo que menos te importa ahora). Quien diga que es fácil dejar que los hijos sigan su camino, aceptar que sólo pueden aprender sus propias lecciones, correr todos esos riesgos...no ha tenido hijos, o no los ha amado.
ResponderEliminarDespués he leído ésta, y creo que ya te hablé una vez de lo que había significado para mí volver al dibujo (que, por cierto, he abandonado de nuevo), someterse a esa maravillosa terapia de seguir la línea y la forma y el volumen exactamente cómo son. Y te han quedado unos dibujos bellísimos...
Te dejo un gran abrazo, con el deseo de lo mejor para estos días, a ti, a vosotros, y, sobre todo, para ese futuro, que sea lo más luminoso posible.
Pues sí Bel, no tengo hijos pero lo he sido y, como yo, practicamente todos los que lo hemos sido quisimos en su momento que nos dejaran volar, seguir nuestro camino, y a determinada edad hay que empezar a hacerlo, romper el cordón umbilical pero nunca los lazos de amor. No creo que resulte fácil que los hijos se vayan pero es ley de vida que lo hagan y ponerles reparos u obstáculos es faltarles el repeto. Sólo se aprende con la propia experiencia, independientemente de que se mantenga con los padres la relación y la confianza más estrecha sin, por supuesto, renunciar a conocer su opinión y apreciar (y, en su caso, seguir) sus consejos. Dejar marchar a los hijos no es lanzarlos al abismo o abandonarlos. Lo generoso es acompañarlos en su andadura, ocuparse de ellos sin imposiciones, darles todo el amor sin coartarlos, ayudarles a que se sientan libres (en la medida en que este mundo nos deja serlo) y apoyarlos en sus éxitos y en sus fracasos. El amor es pensar antes en ellos que en uno/a misma.
ResponderEliminarDramatizar la normalidad puede hacer mucho daño en ambos sentidos. Los padres no deberíais olvidar nunca que antes fuísteis hijos, cuáles fueron vuestras ilusiones y cómo encauzásteis vuestra vida. Saber ponerse en el lugar de los otros, y más aún en el de los hijos, es la mejor lección de humildad y cariño que se les puede impartir.
Lo siento, pero me molesta sobremanera que algunos padres crean que los que no lo somos carecemos de criterio sobre las relaciones familiares, como si hubiésemos nacido por generación espontánea o de una seta. ¡Ojalá todos los padres del mundo fueran verdaderos sabios por el simple hecho de serlo!
Luisfe, cariño, no quisiera que nunca más tuvieras que dar un puñetazo en ninguna puerta. Si tu hija es feliz, tú deberías alegrarte y ser feliz con ella.
Magníficos esos dibujos.
Besazos grandes.
Ja ja... veo que te has dado un atracón de dibujar hermafroditas. Perfecto si eso te hace sentirte bien (o sentirte menos mal). Siempre me han dado envidia las manos dibujantes.
ResponderEliminarYo estuve mirando el mar y me sentí pequeña y grande a la vez.
Cómo me gusta cuando dibujas con palabras. Quedan de originales! (pero oye, vaya "morros" que has pintao, no? jijijiji).
ResponderEliminarUn besazooo. Muaccc
Sabes qué? ahora no te das cuenta porque estáis demasiado involucrados en el asunto, pero cuando pase el tiempo verás el bien que hicisteis a vuestra hija.
Ah, y por favor, me puedes explicar qué es ser alguien en la vida?!
Porque yo hasta ahora no he sabido hacer nada relevante, pero te aseguro que soy alguien (y además, un "alguien importante" en muchos rincones de la vida de otros). Pero weno!!
Querida tocaya Isabel:
ResponderEliminarPor supuesto que estoy del todo de acuerdo con tu criterio. Disculpa si parecía que te aludiera, pero no era así. En ningún momento decías que fuera fácil, sino que era necesario y estoy de acuerdo contigo. ¡Cómo no voy a estarlo si me fui de casa a los 19 años! Y a mí, como a ti, no me acompañó nadie de lejos...pero ésa es otra historia. Sólo me ponía en la piel de Felipe y decía, insisto, que en estos casos no es fácil hacer lo que sabes que debes hacer.
Mis mejores deseos también para ti en este 2009 que ya llega.
Un abrazo para los dos.
Me ha encantado pasearme por aquí, da gusto alimentarse de palabras cuando están tan bien escritas.
ResponderEliminarUn abrazo y felices fiestas
Marian
me vienen perfectos los dibujos porque se me estaba desdibujando el argumento para hacerme una pajilla, y ya estaba harto de las niñas de la tele satélite, sólo quieren hablar por teléfono.
ResponderEliminarSigo el olor que hace a mi Arabia felix, mmmmmmm.
hasta pronto Baba y salam aleikkum