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Jean Baudrillard


“¿Qué ángel llevas oculto en la mejilla?”, me preguntó, y me miré las manos manchadas de carbón… solo se me ocurrió ponerlas sobre su camisa blanca para sentir esas albricias locas de un cuerpo masculino…
El tipo era bajito, pero miraba hondo y no encajaba en el paisaje del Queensborough… y yo lo deseé tanto como una huida, igual que a la muerte por las tardes, doblado ante los montes de carbón, cuando el trabajo me deja tumefacto deambulando por las calles y fumo cigarrillos liados para salvar el tráfago azaroso de la muerte…
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Contaré un secreto que tiene mucho que ver con mi escritura… pero, ojo, es un secreto… así que no se lo digáis a nadie.
Soy, desde hace unos años, un fanático frenético de frenopático de la obra visionaria de Jean Baudrillard… me fascina su curiosidad extrema, aquel encenderse un cigarrillo tras otro mientras conversaba [yo lo imito al dedillo en esa fragua], su pasión acerada por los desiertos, lo dejado de lado que le tuvo la intelectualidad durante una cabrona pila de años [quizás fuera su mejor triunfo], su idea desatada sobre la posmodernidad, su genial teoría crítica contra el principio de producción, proponiendo la destrucción de la cultura moderna con mucho atino –a mi modo de ver, claro–; su hermoso canto a la seducción, su tremendo espíritu crítico [que le llevó a contestar, discutir, criticar y desmontar cualquiera de los sistemas sociales, espirituales o económicos de la historia del hombre], su ardoroso amor por el símbolo en cualquiera de las opciones posibles en que pueda ser presentado, la clarividencia de ver con nitidez pasmosa el uso represivo que hacen las sociedades diversas de la muerte para lograr magros activos de producción, sus altibajos constantes demostrando su calidad de hombre en proceso, su nihilismo desencontrado con todo y con todos, el descubrimiento filosófico de los medios de masas y de la realidad virtual que conllevan… y su inigualable principio de la reversibilidad, en el que enuncia el valor de la seducción como únicamente reversible, es decir que la seducción se transforma en poder deplorable si quien seduce no puede ser a su vez seducido [a eso lo denomina “poder real”, que no es otro que el que ostenta quien seduce sin dejarse seducir].
Recomiendo encarecidamente a los amigos la lectura de su libro “De la seducción”, que podéis encontrar sin dificultad en http://www.scribd.com/doc/7310903/Baudrillard-Jean-De-La-Seduccion traducido por Elena Benarroch [es un PDF de la edición de Cátedra de 1981]. Os aseguro un buen rato de lectura y una dosis altísima de descubrimiento.
En fin… una pasada.
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Baudrillard Jean - De La Seduccion

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