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Deriva a cualquier parte...


Deriva a cualquier parte, como un barco sin velas o un asunto que va de boca en boca... piérdete sin querer en un caos de escaleras y que no se te ocurra volver a guardar tiempo en la alcancía, porque vas a perderlo... llama a gritos a alguien o detente a tocar las cartas viejas con las manos sudadas... mira y quédate todo lo mirado en la retina, y haz un archivo grande de imágenes que jueguen a mezclarse como la leche fría y el azúcar tostado...
Somos de contrapesos nítidos y también de pesas falsas, tortugas con su casa y con sus cosas siempre a cuestas... y también a veces un horno de miradas donde hacer dulces o pan reciente... entonces te llaman de un medio donde van a entrevistarte en unos días y sientes que su miedo es visceral, que te temen sin siquiera haber visto tus ojos una vez... y quieren saber todo lo que vas a decir, quieren saber tus luegos para ese control bobo de un absurdo directo que pasará de largo por miles de oídos sin atención ni ganas... ‘qué debo decir’ debiera ser igual que ‘qué quiero decir’, pero eso es imposible en el mundo mediático del control para todo y para casi todos... todo termina siendo un ‘ di exactamente lo que yo quiero que digas’... y me pongo a pensar en este turno de oficio que es la vida + la literatura + los medios, en este ‘todo debe ser mentira’ por aminorado y deshecho, por diluido y bebible...
El hombre es, en definitiva, un torno para el hombre, un torno donde modelarle y modular sus palabras y sus gestos, un torno que te haga parte del percentil y elimine las dudas posibles haciéndolas eternamente imposibles... así que me hago una lista y escribo, sin pensar, lo que pienso:

¿Qué quieres que diga para que diga lo contrario de lo que quieres que diga?

A veces el ‘no me gusta’ se cambia por un ‘no me parece adecuado en este momento’.

No quiero, pero sé que cada hombre es mi enemigo.

Follar es bastante mejor que matar... ¿por qué no es noticia cada polvo que echamos?

‘Pistola’ se puede decir... ‘polla’, no.

¿Por qué mi seguridad siempre es la falta de seguridad de quien tengo enfrente?

¿Tan importante es lo que yo pueda decir, que intentan silenciarme antes de abrir la boca?

¿Qué gano yo por decir lo que quieren que diga y callarme lo que me apetece decir?... ¿y quien me pregunta... qué gana o qué pierde?

¿Realmente puede ser interesante mi punto de vista sobre el mundo?... si es así, por qué tengo que callármelo... si no es así, ¿para qué me piden que hable?

‘Bomba lapa’ se puede decir... ‘felación’, no.

La verdad es antiperiodística.

La sinceridad no debe tener audiencia.

‘Pederasta’ se puede decir... ‘paja’, no.

Y recurro sin más al paisaje de la carne, la mía, como un dromedario lento y desaguado... y digo taxativamente que prefiero follar entre gemidos que aguantar una charla entre filósofos, que me va más tocarme que escuchar el descenso a los infiernos del último maldito de los medios, que prefiero sin dudarlo unas manos corriendo vientre abajo que los mejores poemas de la generación entera del 27... pero también disfruto arrasando con purito sarcasmo cabrón al que le niega el pan a los muertos por la violencia fascista de la derecha española cavernícola [a veces pienso que son peores quienes ponen un no sonriente y hasta educado que quienes dispararon las balas], también disfruto fumando mientras miro los cuadros de Ensor o de Nolde o simplemnte viendo el vuelo mágico de los cernícalos desde la ventana de la cocina de mi casa.
Luego, no sé por qué, pienso en la metáfora de soledad de Fernando Jover [será porque la tengo cercana y permanece reciente en mi cabeza]

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