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"Formol con Havana 7" (5)


Cuando Marc Chagall estaba pintando «El muerto» en su estudio de San Petesburgo, su tío tocaba el violín sentado sobre la chimenea del tejado de la casa. En la calle acababa de fallecer un hombre de muerte natural y las vecinas habían rodeado su cadáver de velas mientras llegaban los empleados públicos encargados de retirar el cuerpo. Un barrendero hacía su trabajo de limpieza ajeno a aquel deceso sobrevenido como una parte más -no sé si la única- de la vida.
Mientras manejaba el pincel, Marc pensaba en cómo se ha de pintar una calle con formas físicas, pero sin literatura; en cómo construir una calle tan negra como un muerto, pero sin simbolismo.
Yo, entonces, aparecí por la casa, como era mi costumbre, para ver el trabajo de mi amigo y para departir con él.
Marc estaba risueño y triste a la vez, como casi siempre.
Le describí el rictus de la cara del muerto y el gesto patético de una mujer alborotando entre gritos y llanto y, en un instante eterno, le vi trabajar con los rojos y sumarle al cuadro un muerto tendido en medio del empedrado de la calle. Me sonrió levemente, como dándome las gracias, y me rogó que me sirviese un vodka del aparador de roble que estaba junto a la ventana del estudio.
El violín sonaba como una caricia eterna.
Tres años más tarde, en un viaje con Marc a Vitebsk, su ciudad natal, realizó una aguada rápida de aquel cuadro que regaló al director de la escuela Svanseva -su escuela de niño-. El director, Mijail Mariaska, se lo agradeció invitándonos a comer pescado en salazón en una de las múltiples tabernas del pueblo.
Fallecido Marc, viajé a Nueva York como invitado de la fundación Chagall de esa ciudad y, para mi sorpresa, vi colgado en el despacho de su presidente el mismo cuadro en una versión fechada cuatro años después de la realización del original. Era un cuadro lleno de sienas, rojos y azules intensos. Pregunté por su procedencia y me explicaron que mi amigo Marc repetía ese cuadro cada vez que tenía que agradecerle a alguien cualquier circunstancia de amistad.
Yo quedé triste, pues Marc Chagall nunca reprodujo «El muerto» para mí.


© lfcomendador • Propiedad editorial de "de la Luna Libros"

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