Ir al contenido principal

"Formol con Havana 7" (7)


Paseando por Sao Paulo me tropecé con Quincas Borba vestido de San Agustín. Estaba subido a una caja de refrescos americanos y gritaba como un poseso: «Seguidme, sed mis discípulos y, poco a poco, comprenderéis mi filosofía. Cuando la hayáis comprendido a fondo, seréis los hombres más felices del mundo, porque no hay vino que embriague tanto como la verdad...»
Me estuve escuchándole alrededor de cuarenta y cinco minutos. Estaba yo solo. Bueno, él estaba también.
Cuando se cansó de gritar, me invitó a sentarme con él en una terraza cercana si yo pagaba las consumiciones. Acepté. Quincas Borba me contó que tenía un perro que se llamaba Quincas Borba, que había escrito un libro que se titulaba Quincas Borba, que había pintado más de mil cuadros que llevaban por título Quincas Borba... «... a todos mis seguidores les hago cambiarse el nombre y los rebautizo con el de Quincas Borba, porque esa es mi inmortalidad y la de los que creen en mí». Durante la charla se bebió cinco vasos enormes de ginebra. «... La guerra es un bien porque, si extermina al vencido, asegura la existencia del vencedor; la peste es un bien, porque impulsa a los hombres a descubrir la medicina que habrá de curarla. La muerte y el exterminio no existen: desaparece el fenómeno, pero la sustancia permanece. Cuando el agua hierve, las burbujas se hacen y se deshacen continuamente, y todo se queda en la misma agua...».
Hoy he comprado un canario naranja en una tienda de animales y lo he llamado Quincas Borba.


© lfcomendador • Propiedad editorial de "de la Luna Libros

Comentarios

Entradas populares de este blog

NO SEAS NUNCA COMO YO

Casi cinco meses de vida tranquila juntos, Mario. Yo viéndote crecer y adquirir pericias y tú mirándome, a veces perplejo y a veces encantado de verme (porque los abuelos hacemos cosas que no hacen los padres, como sacarte del carrito y achucharte cuando lloras y hay que dejarte tranquilo para que encuentres el sueño).  Casi cinco meses y ya me has llenado de endorfinas (porque el abuelo canilllas blancas es pura química orgánica), me has perfumado de ese olor tuyo a bebé, que es el único que en mi mundo supera al olor del tabaco, y te has hecho centro de todo, pues te veo y me olvido del banco que me tiene medio asesinadito, de los clientes que están esperando en la puerta y hasta de este dolor cabrón que llevo en la rodilla desde hace unas semanas. Y lo mejor, lo mejor de todo, es que, cuando llegas, te miro y sonrío, y tú me devuelves enseguida una sonrisa a medias con hoyuelo  al ladito derecho de tu boca. Entonces te cojo y te achucho, te acerco a mi mejilla y siento ese lazo qu…

Mario

Mario fue un corredor de fondo que ha legado el nombre a mi nieto para perpetuar en él su memoria, y me gusta, me gusta mucho que mi bebé tenga en su nombre una razón y un contenido, que lleve el signo de una amistad indeleble y el valor hermoso del recuerdo. Mario, hoy mi nieto, es divinamente vulnerable, delicado hasta el suspiro, bellísimo en sus gestos y causa absoluta de orgullo personal. Su madre, mi hija, me ha hecho el regalo más precioso que se puede hacer a un padre, y lo ha hecho con valentía, sin miedos, siendo una mujer entera en todo el proceso y demostrándome que algo tuve que hacer bien en su educación y en su formación como persona. Jaime, el padre de mi nieto, es un padre ejemplar, preocupado, atento siempre a las necesidades de mi hija y de su hijo, y yo le estaré eternamente agradecido por su forma de ser hombre y por el amor entero que se percibe constantemente en su trato hacia mi niña y hacia mi bebé. Gracias a los tres por hacerme tan feliz.
Por lo que a mí se …

Ocho días sin Mario

No sé cómo explicar que el decurso vital me sujeta al espacio que habito, que los proyectos urgentes me requieren al pie del cañón y que el trabajo de mierda que tramito a diario me impide hacer exactamente lo que debiera hacer. Cada día recibo fotos y vídeos de Mario: durmiendo, recién bañado, antes y después de la toma, tumbado como un rey con su pañal como único vestido..., y presiento a mi niño abrigado por sus padres, cuidado hasta el más mínimo detalle; pero me siento mal por no estar allí cada cinco minutos para contemplar su sueño, para asombrarme con cada uno de sus gestos o para colocar uno de mis dedos en su manita y sonreír mientras lo aprisiona levemente.
En todo caso, pienso en que sus padres ahora necesitan espacio, que nadie los moleste, y eso me calma un poquito..., y también me calma el tener muy claro que todo lo que hago también lo hago por Mario, para que algún día sepa que ser humanista es el camino correcto, que trabajar para un futuro con dignidad es un buen pl…