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Qué audacia microscópica...



Qué audacia microscópica la de este virus cabrón, qué capacidad de intriga celular para no estar considerado como un ser vivo, qué avaricia citoplasmática, coño, qué avaricia... y a saber de dónde vino y por qué llegó hasta mí, cómo me penetró y cómo decidió que era el justo momento... el caso es que ya llevaba yo unos días moqueando de a poquinino, estornudando a veces y sintiendo algunos pequeños dolorcillos articulares fuera de mi norma dolorosa... y de pronto, sin más, una ola de mareos leves y cortitos, un dolor de tripa intenso y unas ganas inaplazables de visitar el baño que se repetían cada diez o quince minutos... y del malestar a la escatología... a qué contar el itinerario depositivo con sus descripciones texturales... será mejor resumirlo todo en diarrea severa y ganas de matar a la puta madre del virus cabrón...
El cuerpo por dentro es una guerra [y por fuera, pero eso corresponde a otro capítulo y a otra nata], una guerra cruenta de reproducciones masivas y muertes a repuñaos, una guerra ácida y hasta sulfúrica en la que no hay piedad alguna... y yo ahí, sentadito con un libro en la mano o pintando granujadas tontininas con los acrílicos... y el virus dale que te pego, replicándose y creciendo de forma geométrica en la maquinaria de síntesis celular para transferir su dañino genoma viral célula a célula... pero si esos cabrones solo tienen un solo tipo de ácido nucleico, coño, que son como seres inválidos desde tal punto de vista, si cuentan en su cápside con una o dos putas proteinas como mucho, si no cuentan con sistemas enzimáticos propios y tienen que parasitar a las pobres células de andar por casa para poder existir y jodernos la vida... ¡coño!, si son pura simplicidad helicoidal o icosahédrica...
Pues cargado de peluches de tal calado llevo yo unos días malrespirando, moqueativo total, mareadete y cagón, y ya me estoy hartando de sonarme con Kleenex y papel higiénico, de salir corriendo a trompicones para encontrar el baño [que no esté ocupado, por Dios] y de tener esta abulia tontolina que me borra la sonrisa.

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