Corrige la mirada en el sextante de los ojos, pon rumbo a alguna parte como un náufrago, desata las medidas estelares y deja que las horas te constelen, bebe un sorbo pequeño de té verde, maréate al vaivén del oleaje, vomita lo que sea por la borda, arrópate despacio con la manta, mira el retrato azul del camarote y busca en la bitácora el cuaderno de las islas perdidas... sopesa las constantes que precisas, la meteorología que te aguarda, el viento que sin duda soplará, los nudos necesarios para el tránsito... busca bahías cercanas por si los temporales azotasen, mide todo en los mapas que no tienes... y no dudes si sientes el ardor de levar ancla... y se consciente de que Ithaca se llega siempre un día más tarde de mañana.
Debe ser de cuando te mandaban “al Canfrán a varear fideos” o incluso de aquella mar salada de los ‘mecachis’... el caso es que siempre llevo puesto algo de casa [que es como decir algo de antes] en la jodida cabeza... y nado entre una pasión libidinosa por decir lo que me dé la gana y un quererme quedar en lo que era, que es lo que siempre ha sido... pero todo termina como un apresto en las caras, mientras el hombre de verdad dormita entre una sensación de miedo y otra de codicia... ¡brup!... lo siento, es el estómago que anda chungo... y tengo ideología, claro, muy marcada, y la jodida a veces no me deja ver bien, incluso consigue que me ofusque y me sienta perseguido... a veces hago listas de lo que no me gusta y de los que no me gustan... para qué, me digo luego, y las rompo... si al final todo quedará en lo plano y en lo negro, o en lo que sea, que al fin y al cabo será exactamente lo mismo... es por eso que hay días en los que me arrepiento de algunas cosas que he hecho, casi t...
Precioso. Es lo hago todos los días, desde mi asiento, pero bien explicado...
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