Ir al contenido principal

Luis Alberto de Cuenca

Mis pensamientos, mis actos y mis sentimientos crean el tiempo en el que suceden, y jamás al contrario. Está claro, por tanto, que el tiempo –mi tiempo– lo creo y lo destruyo continuamente, constantemente... y no es él quien me marca su paso, sino que soy yo quien lo va anotando y tachando. Por tanto, el tiempo ni se gasta ni se usa... sólo se crea.
Esta nueva percepción de potencialidad me hace más fuerte, me empeña más en hacer, en crear, en pensar, en sentir. Si vives intensamente, está claro que vives más tiempo, porque el volumen de tiempo creado es mayor que el que emana del hombre anodino, y por tanto el tiempo vivido es también mayor. No es cuestión de años, meses o días... es cuestión de tensión e intensidad, de tal forma que alguien con treinta años cumplidos puede haber vivido mucho más tiempo que otro ser con cien años contados.
[Trabajar más en esta idea].

(12:55 horas) Entre la bella aforística de Jonathan Swift, hay un apartado dedicado a la religión que no tiene desperdicio alguno. Dice el colega en su aforismo número 67 que «Somos lo bastante religiosos para odiar, pero no lo suficiente para amarnos los unos a los otros.»... Y vuelvo a mi convencimiento de que en la idea breve y bien trabada está la mejor filosofía, la mejor creación y el mejor arte... Y comienzo la lectura de «Poesía (1980-2005)» de Luis García Montero para intentar reconciliarme con esa palabra que un día fue luz para mí y que con el tiempo recaló en palabrería. Me apetece salvar al García Montero que me tocó con sus «Flores del Frío», con los «Poemas para Tristia» o con «Diario cómplice», sólo eso... que a lo mejor es demasiado.
(19:54 horas) La conducta de las personas que dirigen el mundo globalizado es infame, pues juegan a excluir y a incluir a su antojo en ese paraíso del conocimiento que han creado. Ahora el pobre es más pobre, el rico es más rico y el olvidado mucho más olvidado... pobreza global y olvido global... nunca riqueza global. Claro, que estoy hablando de conceptos virtuales, y me afirmo: ¡¡¡Pobreza global!!!

(22:51 horas) «Es horrible morir así de fea...» escribió Raymond Chandler y me gusta la porposición como título, como principio y como fin de un libro... Llegar bella a la muerte es un asunto interesante sobre el que dar vueltas y vueltas... Es horrible morir así de fea... es horrible morir... así de fea... es horrible... morir... así... es horrible... morir.
Y es que la muerte no quiere presas agotadas, quiere muñecas rotas, bocas húmedas y calientes, ojos grandes, cabellos bien peinados, cuerpos para celebrar con ellos el rito más necrófilo, ardor, guiños, tersura... la muerte quiere ángeles caídos, rosas frescas cortadas de su tallo... para darles el beso último y dejarles el gesto más sereno que nadie ha imaginado... Puede ser delicioso prepararse mil días para una muerte bella y para ser bellos en la muerte... un fin en sí mismo de la estética... un hedonismo militante hasta el final... un arte tan concreto como una naturaleza muerta o un cuadro tediosísimo de Antonio López.

Comentarios

Publicar un comentario

Por favor, no hables de mí... si acaso, hazlo de ti mismo...

Entradas populares de este blog

COMENDADOR

A LAS PUERTAS DEL CIELO
Aún quedan las carcasas de las fábricas como memoria de aquel constante trasiego que procuraba poder a los fascistas y la escueta comida del día a los obreros. Están rojas de óxido en toda su ferralla y una vegetación devoradora hace justicia en cada hueco. Son los restos de lo que ha de venir y lo que fue.
Mamá, el lotero me llama alemán.Porque eres rubio, hijo.Mamá, la abuela me dice que nunca hable con el lotero, pero es que siempre me da caramelos y me llama alemán.Que no me entere yo de que vuelves a coger un caramelo de ese hombre. Obedece a la abuela.Mamá, es que me dice que yo sería un buen torero, que si sigo jugando con el estoque, un día me llevará a un tentadero.Ese hijo de puta… fue uno de los que denunciaron a tu abuelo.¿Qué hago entonces, mamá?Cuando le veas, sal corriendo.
Aún quedan algunos tejados viejos en la calle Libertad, sus tejas rojas sostienen la vida de algún gato y mantienen el recuerdo vivo de los hombres que huían desde los desvanes p…

Caidino...

Estoy lento y como gatinín con este calor bestia que cae sobre mí como una losa, y con tanto por hacer y en diferentes campos. Ahora que necesitaría multiplicarme, estoy dividido y hasta restado. SBQ necesitaría ahora de todas mis fuerzas de invierno (tenemos un agujero grande que tapar y no soy capaz de tomar aire). Intento mercadillos, lecturas, talleres, ventas de materiales chulos, sorteos…, pero nada funciona. Es como si al quedarme desactivado yo, se hubiera desactivado todo, pero no sé de dónde sacar la energía que necesito como el aire de respirar, no sé cómo tramitar esta abulia sobrevenida. En Perú la gente tiene sed, hay pendientes entregas necesarias de materiales, de carritos…, y he dejado un proyecto a medias que hace que me sienta culpable por ratitos. Es este jodido calor y que la gente aquí ya no puede más, porque está agotada por los miserables del dinero. A ello se suma el golpe constante en el trabajo, el ramillete de deudas con sus apremios y el vacío inabarcable…

Somos la razón del tren en marcha, su todo adelante sin salir del constante paralelo de las vías…

Somos la razón del tren en marcha, su todo adelante sin salir del constante paralelo de las vías… y ese ser ‘la razón’ le gusta mucho al que viaja a velocidad en los cómodos asientos de sus vagones, viendo pasar el paisaje por las ventanillas, pero solivianta al que perdió el billete, al que nunca tuvo para comprarlo y, sobre todo, al que busca lugares a los que ir y a los que el tren no llegará jamás, porque no hay vías ni estaciones. Así visto el trasunto humano, la libertad del que está en el sistema (el tren) viene siempre marcada por unas fronteras nítidas que, precisamente, amordazan esa libertad… o sigues las vías con tu billete en regla o te bajas del tren y corres el peligro de ser arrollado si quieres volver a subirte en él mientras no detenga su marcha. Me sucede con frecuencia que tengo ideas nítidas en mi cabeza, ideas que se muestran preclaras y estructuradas en mi mente y que, cuando intento compartirlas, me resulta muy difícil hacerlas llegar a mi interlocutor con la …