Ir al contenido principal

Mis padres son la hostia.


Mientras mi padre gobernaba sus escuálidos negocios con esa fe inquebrantable de los vencedores [una pastelería a comisión y ‘rápel’ de ventas, el negociete de colocar mantas Mora y Paduana a crédito y de puerta en puerta, su negocio de ajuares montado en el comedor de nuestra casa nueva de la carbonería, el asunto de la ropa interior femenina medio trabado entre el pasillo y el dormitorio, la revolución aquella de las alfombras persas lavables…], mi madre compartía sus dotes de dependienta avispada y feliz con las duras labores de la casa.
El buen gobierno de un padre siempre ausente [o cobrando por las casas las veinticinco pesetas semanales de sus dos mil clientes, o reponiendo materiales en los helmánticos Almacenes Ara] y aquella diversificación negociera en la que estaba profundamente implicada mi madre, me propiciaron noches magníficas frente a nuestra recién estrenada tele de lámparas, pues las clientas llegaban muchas veces pasadas las once de la noche a probarse aquellas fajas con ballenas color carne en el probador de casa, que era el baño escueto. Con clientes, nadie me acuciaba a buscar la cama [yo creo que se olvidaban de mí con aquel constante ‘buscarse los garbanzos’ que tantas veces pronunciaba mi padre con voz grandilocuente]. Y yo me formaba en las delciosas ‘Historias para no dormir’ o en los ‘Estudio 1’ con los ojos abiertos como platos para que todo me entrara mejor en la moyera.
Sí, yo fui ya un niño con suerte, pues compartía los días con mi abuela Antonia a la usanza de principios del siglo XX [con su cocina bilbaína, su orinal bajo la cama, su tinaja de agua fresca, su brasero de cisco, chupón y badila…] con las hermosas jornadas modernísimas sobre los sillones de skai verde abotonados viendo la pantalla molona de nuestra flamante Telefunken, soñando a ser el niño de ‘Perdidos en el espacio’ o el capitán de ‘Viaje al fondo del mar’.
El caso es que mis padres cumplen mañana sus cincuenta años de casados y siguen como entonces, pero jugando a ser y no ser unos jubilados jóvenes y vitales, hasta el punto de que mi padre es la columna vertebral del cobro de facturas de mi empresa [es el mejor, el inigualable, el que cobra lo que haga falta y mucho mejor que cualquiera de esas empresas de frac persecutorio…] y mi madre se ha reciclado a las labores de bolillos, a las manualidades con papel maché y los cuadros de Van Gog hechos a punto de cruz.
Están pletóricos y se quieren como nunca… y, para colmo, mi padre se ha convertido en mi mejor amigo y mi madre sigue siendo ‘mamá’, la que me da caprichos y me hace grandes flanes de huevo, la que me llama ‘el niño’ con la sonrisa amplia y me tiene en palmitas y se llena de orgullo con cada libro mío [los tiene todos puestos en el mejor anaquel de su salón –el mío– como trofeos únicos].
Los quiero hasta donde no sé imaginar y ellos me devuelven el amor cada mañana multiplicado por mil.
Felicidades, papis.
Yo ya llevo felicitándome cuarenta y nueve años por teneros.
De Tontopoemas ©...

Comentarios

Entradas populares de este blog

NO SEAS NUNCA COMO YO

Casi cinco meses de vida tranquila juntos, Mario. Yo viéndote crecer y adquirir pericias y tú mirándome, a veces perplejo y a veces encantado de verme (porque los abuelos hacemos cosas que no hacen los padres, como sacarte del carrito y achucharte cuando lloras y hay que dejarte tranquilo para que encuentres el sueño).  Casi cinco meses y ya me has llenado de endorfinas (porque el abuelo canilllas blancas es pura química orgánica), me has perfumado de ese olor tuyo a bebé, que es el único que en mi mundo supera al olor del tabaco, y te has hecho centro de todo, pues te veo y me olvido del banco que me tiene medio asesinadito, de los clientes que están esperando en la puerta y hasta de este dolor cabrón que llevo en la rodilla desde hace unas semanas. Y lo mejor, lo mejor de todo, es que, cuando llegas, te miro y sonrío, y tú me devuelves enseguida una sonrisa a medias con hoyuelo  al ladito derecho de tu boca. Entonces te cojo y te achucho, te acerco a mi mejilla y siento ese lazo qu…

Jugar al cíclope...

Jugar al cíclope, como en el capítulo siete de Rayuela, o simplemente jugar al Cortázar postmasmédula, a aquel Cortázar tan Girondo de “Apenas él le amalaba el noema... ¡Evohé¡ ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentían balpamar, pernilos y márulos...”... no, mejor jugar al cíclope y cansarte de no estar cansado o jugar a cerrar los ojos para ver e imaginar que la felicidad está más cerca... quienes piensan demasiado no pueden hacer nada... he aquí la regla fundamental del juego de La Maga... y uno está tan triste porque todo es tan hermoso... ¿y si quienes forman mi mundo solo fueran ilusiones... no lo que son, sino mis ilusiones de ellos, no sus verdades, sino mis mentiras?... todo sería un juego estético personal, un juego magnífico en el que crecer... salgo a la calle, voy a por tabaco hasta PdT, doblo la esquina cuesta arriba, estoy solo en la calle, estoy solo en la esquina... subo hasta que las puertas de cristal detectan mi presencia y se abren como puertas... est…

Me late el codo izquierdo...

Hoy me levanté con el codo izquierdo dolorido e hinchado, todo por un golpetazo que me arreé la semana pasada con una puerta [se conoce que ayer me apoyé en alguna de las barreras de la plaza de toros bejarana, mientras asistía al blues, y se me ha infectado]… y es que últimamente parezco un quecomari lleno de cuitas y quejicoserías… el cabrón está ardiendo y focaliza toda mi atención en su latido, hasta el punto de hacerme perder concentración en lo que hago.
En fin, que sigo en el asunto de vivir y eso me gusta mucho… hasta el latido este que me reclama atención constante.
Hoy le pegué la última corrección al nuevo libro de Belencita, “Orden de alejamiento”, y vuelvo a dejar escrito que me gusta muchísimo su forma y su contenido. Espero que en un par de semanas esté listo para hacerlo llegar a sus manos…. y que me ha gustado leerlo con ese latidito de dolor, pues el poemario es de dolor entero… y muy intenso.
Luego, me dejé de mí [y del trabajo] y le busqué contenido a ese pum-pum… y m…