Las terrazas se llenan otra vez de gente que no conozco y las noches bejaranas se vuelven a poblar de personas ociosas que han dejado sus lugares comunes desiertos. Yo estoy triste, abúlico, sin ganas de arrancar, pues aún me duele el golpe caprichoso de la muerte y no hago más que darle vueltas a esos rostros que aún no he aprendido a olvidar.
‘¡Es un deber seguir adelante!’, me digo con insistencia, un deber para los que están y también para los que fueron… pero hoy me importa un pepino el sistema de enseñanza, la mordida católica y la furia neofascista… son cosas de hombres vivos que no piensan en la muerte, que ni siquiera se detienen un segundo a considerarla a pesar de que la llevan puesta como la muda limpia.
La falta es lo que no sabemos considerar cuando no la sentimos… quizás el sentimiento más intenso, mucho más intenso y prolongado que el dolor… y mucho más duro de llevar.
Tener no es importante si no consideramos que antes está ‘tenerse’, y luego ‘darse’…
Hoy ni siquiera me llaman la atención las mujeres que argumentan un decorado de vida ante mis ojos… estoy alicaído y de un gris estival insoportable.
Y, sin embargo, el verde persevera en el monte de El Castañar y los sauces llorones escupen ese semen pegajoso como una ducha lenta, las casas mantienen sus ventanas abiertas y las puertas entornadas para llamar al fresco, la luz hiere de limpia y los críos vocean por las calles su himno de victoria, los milanos atienden sus nidadas en los tejados anejos a mi casa y vuelan los vencejos como un canto a la vida haciendo sus picados imposibles.
No es ya tiempo de charcos, pero me siento gris como un nublado, temeroso como quien lleva un presagio atado al pecho, nítidamente impotente ante lo que deviene y pasa.
Fumar es un consuelo que me aplico despacio, como una medicina constante y destructiva.
Hay que seguir… y sin embargo…
‘¡Es un deber seguir adelante!’, me digo con insistencia, un deber para los que están y también para los que fueron… pero hoy me importa un pepino el sistema de enseñanza, la mordida católica y la furia neofascista… son cosas de hombres vivos que no piensan en la muerte, que ni siquiera se detienen un segundo a considerarla a pesar de que la llevan puesta como la muda limpia.
La falta es lo que no sabemos considerar cuando no la sentimos… quizás el sentimiento más intenso, mucho más intenso y prolongado que el dolor… y mucho más duro de llevar.
Tener no es importante si no consideramos que antes está ‘tenerse’, y luego ‘darse’…
Hoy ni siquiera me llaman la atención las mujeres que argumentan un decorado de vida ante mis ojos… estoy alicaído y de un gris estival insoportable.
Y, sin embargo, el verde persevera en el monte de El Castañar y los sauces llorones escupen ese semen pegajoso como una ducha lenta, las casas mantienen sus ventanas abiertas y las puertas entornadas para llamar al fresco, la luz hiere de limpia y los críos vocean por las calles su himno de victoria, los milanos atienden sus nidadas en los tejados anejos a mi casa y vuelan los vencejos como un canto a la vida haciendo sus picados imposibles.
No es ya tiempo de charcos, pero me siento gris como un nublado, temeroso como quien lleva un presagio atado al pecho, nítidamente impotente ante lo que deviene y pasa.
Fumar es un consuelo que me aplico despacio, como una medicina constante y destructiva.
Hay que seguir… y sin embargo…
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De Tontopoemas ©... |
Me hiere profundamente que te muestres así Savonarola, en estos dias presiento cerca la muerte, y asomarme a esta ventana es un consuelo para mi, sera mi soledad, sera el papel de "persona fuerte" que muchas veces te asigna las circunstancias, pero no me gusta verte tan triste. Me derrumba
ResponderEliminarA las pérdidas hay que darles su tiempo. Ni más, ni menos que el necesario. Lo único cierto es que todos los cambios son hacia delante. Por eso -como mínimo- se sigue viviendo, creo.
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