Ir al contenido principal

Camino de reconocimiento.


Hay palabras que viven en un halo de positividad aceptado y que, sin embargo, contienen el mal del mundo… Moral, ética, bien, virtud, libertad, felicidad, paz… son términos que abundan en la codicia humana como configuradores de las máscaras que deforman el valor de ‘verdad’ individual y colectiva que responde a la exacta realidad de cada uno de nosotros.
El mal a pecho descubierto es mucho más sano que todo lo positivo que enmascara y oculta la ‘verdad’ de un hombre.
(10:37 horas) Escribió Paul Valéry que ‘sólo leemos bien aquello que leemos con un propósito personal. Puede ser para adquirir algún poder. Puede ser por odio a su autor.’, y es cierto en mi caso si miro atrás y observo el extenso cementerio de mis lecturas [aunque yo sumo más consideraciones a la atención del interés lector, como, por ejemplo, odiar a alguien con un gusto demostrado por un autor o una obra]: Leí a Nietzsche y me aprendí algunos de sus pensamientos de memoria para epatar y sentirme superior en las conversaciones con algunos de mis amigos. Leí a Luis García Montero con mucho más interés [ya lo había leído antes con cierta abulia] cuando descubrí cómo se lo montó con Almudena Grandes [quizás fuera una mezcla de admiración y envidia]. Leí a Machado porque le encantaba a un acérrimo enemigo mío, y lo hice buscando la blandura poética para tirársela a la cara. Leí a Alberti cuando me enteré de que había abandonado a M. T. León enferma y se había ido con otra. Leí a Juan Ramón Jiménez para odiarle más cuando supe cómo había tratado a Zenobia. Leí a César Antonio Molina para machacar la verdad rijosa de Valente y, por ende, para hacerme con una opinión negativa y preparada sobre el poepolítico. Leí al Unamuno poeta (¿) para recrearme en la suerte de decir con jocosidad en mis saraos: ‘Salamanca… académica palanca…’. Leí a Ginsberg para fastidiar a dos colegas que solo hablaban de Federico Hölderlin [al que yo no acababa de pillarle el punto]. Leí a Edgard Lee Masters para machacar a George Bush. Leí a Ernesto Cardenal para mofarme del Espíritu Santo y de la Vrgen santa que pregonaba aquel Juanpablosegundotequieretodoelmundo. Leí a Cernuda porque un periquito medio poeta le llamó ‘reinona’ en público y se mofó de su obra partiendo de esa circunstancia. Leí a James Boswell porque mi colega Norio me dijo que se me abriría un nuevo mundo en mis ambiciones diarísticas… y así podría continuar hasta el agotamiento dando (verdaderas) razones de lectura Valéry que son fiel indicativo de que siempre leo con cierto afán práctico y con una buena carga de puñetería.
En fin, que ya sé conocerme y ahora ando en el extraño camino de reconocerme.
De LECTORAS

Comentarios

  1. Luis Felipe ¿es posible conseguir un ejemplar de los cuadernos del sornabique 6?
    Un abrazo.
    Álvaro

    ResponderEliminar
  2. No sé si quedará alguno. Te lo busco y te cuento.
    Un abrazote

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Por favor, no hables de mí... si acaso, hazlo de ti mismo...

Entradas populares de este blog

Al Canfrán a varear fideos...

Debe ser de cuando te mandaban “al Canfrán a varear fideos” o incluso de aquella mar salada de los ‘mecachis’... el caso es que siempre llevo puesto algo de casa [que es como decir algo de antes] en la jodida cabeza... y nado entre una pasión libidinosa por decir lo que me dé la gana y un quererme quedar en lo que era, que es lo que siempre ha sido... pero todo termina como un apresto en las caras, mientras el hombre de verdad dormita entre una sensación de miedo y otra de codicia... ¡brup!... lo siento, es el estómago que anda chungo... y tengo ideología, claro, muy marcada, y la jodida a veces no me deja ver bien, incluso consigue que me ofusque y me sienta perseguido... a veces hago listas de lo que no me gusta y de los que no me gustan... para qué, me digo luego, y las rompo... si al final todo quedará en lo plano y en lo negro, o en lo que sea, que al fin y al cabo será exactamente lo mismo... es por eso que hay días en los que me arrepiento de algunas cosas que he hecho, casi t...

Para que no me quede la vergüenza propia de haberme callado…

Viendo los sucesos trágicos que atraviesan el mundo del hombre en estos días, me apetece dejar una breve reflexión sobre ello para que no me quede la vergüenza propia de haberme callado…   Las religiones son profundamente dañinas en lo individual y en lo colectivo, en lo cercano y en lo lejano. Siempre basadas en el miedo, en el temor, en la búsqueda constante de un estado de tristeza marcado a fuego en todas sus pautas morales, dirigistas, sometedoras de pensamiento, acodadas con fuerza al dinero y a los grupos de poder que emponzoñan las sociedades desde hace siglos… Por ello, no es peor un cristiano que un judío o un islamista, que son todos malos de raíz, perversos y fieros estabuladores de grupos humanos… Ordenan el odio y la agresión, las más bajas pasiones y la aniquilación de quienes no comulgan con sus mandatos morales. En periodos de paz penetran sibilinamente en las conciencias y procuran que en los poderes políticos y económicos estén sus fieles ordenándolo todo a su ex...

RAP PARA MARIO

RAP PARA MARIO No sé cómo explicarte lo que siento Ahora que estoy de lleno en mi descenso Y esto se acaba, Yo sé que esto se acaba Y no quiero marcharme dejándote una nada. Rapeo por si acaso no te gusta Leerte en mi diario y si te asusta Que en versos ajustados a la norma Tengas que conocerme. De esta forma, Que es más de calle trece que la mía, Voy a contarte, Mario, lo que un día Hiciste de este tipo desastrado, A veces caprichoso y a veces desbordado: Yo era feliz sin más, o eso creía, Dejándome llevar por la poesía, Sabiendo que era falso casi todo Y riéndome, sin más. Era mi modo Jugar a ser bufón y, entre los popes, Decir las cosas claras. Hubo golpes, Que todo hay que decirlo, golpes bajos, Que supe digerir. En mis legajos De aquellos tiempos quedaron escritos Palabra por palabra y muchos gritos. También triunfé, que no todo fue malo Y di algún que otro palo.   ¡Que bueno!   Pasados unos años, Jugando a ser oveja en el rebaño, Dejé una vida hecha, o eso creía, Hijos, ...