Dediqué la mañana a colocar un poco las cajas con los objetos del mercadillo y a descargar todo lo que había dejado en la furgoneta por la jodida lluvia... un palizón de domingo, coño, que ahora me duele todo... pero sigo feliz. Al terminar, me fumé un cigarrito resollando y me bebí una coke que me supo a gloria bendita. Cuando me quedo exhausto, me dan como ganinas de huir y cierro los ojos para ver si se completa la huida... pero nunca pasa más que lo que la imaginación quiera. Hoy, después de agotarme y de buscar la huida imposible, me puse a pegar en el techo de mi estudio el maniquí que me regaló Urceloy [ya es la tercera vez que lo pego, porque el jodío cacharro se cae por su peso, pero no importa, que soy cabezón]. Tenía yo intención de vestirlo con unas braguitas negras, pero justo en el momento en que quedó sólidamente pegado al techo [he usado un nuevo adhesivo potente], me di cuenta de que ya no podía ponerle las braguitas deseadas [¿por dónde cojones se las coloco yo, si ti...
Bitácora de Luis Felipe Comendador