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De cuando tocaba el violín.


Miro la foto del niño Edinson [el quemadito de la última acción urgente de SBQ], miro las imágenes recientes de Haití y pienso...

¿Qué conducta debemos mantener ante la escasez y ante las desgracias humanas grupales o particulares?... fundamentalmente una conducta de acción... hacer e ir pensando mientras se hace... y enseñar a nuestros hijos a conjugar sin temor la iniciativa individual junto a la actividad solidaria. ¿Puedes calmar el dolor de un hombre?... ¿puedes saciar el hambre o la sed de un niño?... ¿puedes echarle una mano a alguien que la necesita?... pues hazlo sin pararte a valorar consideraciones o argumentos tan teóricos como el del pez y la caña, sin detenerte a considerar otra cosa que no sea ese alivio urgente que precisa quien está frente a ti.

El hombre se emancipa cuando le va bien y se agrupa cuando le va mal... busquemos una constante de uso para todos y para siempre.

Calcular y predecir [adelantarse a los acontecimientos] es manipular... controla y ordena el presente y así estarás construyendo el futuro.

No especules ante una situación crítica, haz lo que hay que hacer en cada justo instante.

Que crezca la solidaridad por tus hechos, no por tus palabras.

Piensa en que tu propio interés está amarrado al interés de todo y de todos... perteneces a un sistema... mejóralo.

La lucidez jamás debe ser una actitud moral... estaría desmembrada. Busca lucidez en cada situación a la que te enfrentes.

Respetando los derechos de los demás, y propiciando que se cumplan de forma igualitaria, estás luchando sin saberlo por la consecución de tus propios fines... es la mejor forma de ser egoísta.

Educar al Estado es una obligación de cada individuo que lo conforma, no al contrario... da ejemplo diario de cómo se debe actuar.

La libertad es una condición inalienable, no un estado del hombre... propicia con constancia que esta verdad sea factible.

Busca finalidades pequeñas para conseguir otras mayores.

No existe bienestar sin comparación... esto mosquea bastante.

No busques el bienestar de muchos, busca el bienestar de todos. Los sistemas que buscan el bienestar de muchos, ya son fracaso desde sus principios.

•••

Hoy, mientras compraba en el supermercado, empecé a pensar en cómo comprábamos hace cuarenta/cincuenta años [qué viejo soy] en esta misma ciudad... los días se abrían con los gritos del churrero... “!churríbiriiiii calentíbiriiiii¡” o del panadero [que entonces llevaba un burro con alforjas llenas de libretas de pan de pueblo o barronas de pan de Viena]... el panadero decía... “!señá Antoooooniaaaa, viene el paaaaaan¡”, y mi abuela soltaba una bolsa de tela desde el balcón que tenía atada a un cordoncito [en ella metía las monedas que costaba el pan] y el panadero tomaba el dinero y metía en ella el pan... “¡señá Andreeeeeeeaaaaa, viene el paannn!”... al ratito sonaban unos golpes en el portón, seguidos de un “¡lecheeeeerooooooo!”, y mi abuela salía corriendo con el cueceleche grandón y su tapa... el lechero echaba leche de sus cántaros a unas medidas de cuartillo hechas de latón e iba volcándolas en el cueceleche hasta llenarlo [corrían rumores de que los lecheros aguaban la leche e incluso orinaban en ella si el cliente les caía mal... nunca supe si era cierto]... luego salíamos al ultramarinos del señor Felipe, donde colgaban enormes bacalaos en salazón sobre el mostrador y tenía frascones de cristal llenos de especias, legumbres, caramelos... tenía morcillas, chorizos, dulce de membrillo, cacahuetes... de todo había en el ultramarinos del señor Felipe... y mi abuela contaba las monedas que llevaba en el mandilón, sopesaba las mercadería y decía... “Felipe, dame un cacho de mantequilla pal niño, una caja de galletas María Fontaneda, un cuarto de lentejas, pero dámelas escojidas, que la última vez me salieron muchas piedras, dos peces de escabeche, sal...” y así hasta que se le terminaba el dinero... el señor Felipe a veces me daba una rajita de chorizo o un trocito de dulce de membrillo... luego íbamos a la droguería de Garrudo y mi abuela compraba siempre jabón de sosa y lejía para el suelo... y a veces compraba colonia de lavanda a granel [llevaba un perfumador de casa, uno que tenía una pera forrada con un primoroso urdido dorado, y se lo llenaban]... donde Garrudo olía rico siempre que entrabas... luego, generalmente por la tarde, nos acercábamos a donde El Abulense, que era una mercería donde había de todo... y mi abuela compraba corchetes por unidades, algún botón que se pareciese a otro que llevaba en el monedero, hilo [blanco para mis cosas y negro para las suyas] y a veces también gomas para hacerse el moño... y todo terminaba siempre donde Márquez, una librería clásica y vetusta donde mi abuela se compraba una revista de modas y cuchicheos y a mí me hacía feliz con los tres tebeos más queridos de mi infancia: el TBO, el Jaimito y el PUMBY... entonces todo era personal y cercano, había relación entre los vendedores y los clientes, te prestaban si no tenías y siempre, siempre, se tenían conversaciones de amigo en las que se contaban cosas de familia y asuntos diarios de la ciudad... y yo en el súper, hoy, medio perdido entre los estantes, quejándome en mis adentros de la frialdad de trato, de la distancia, del constante hacer como que no nos conocemos mientras compramos. Hay algo que ha cambiado a peor.

Comentarios

  1. Hermoso canto a la fe en la juventud actual.
    ¿Somos tan malos? ¿Todos?
    ¿No queda ni un solo justo en Sodoma?
    ¿Y son, los jóvenes, ellos tan buenos? ¡Ojalá!¡Quiero creerlo!

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