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STANDDART [II]


Releyendo hoy “Standdart” [Nº 3] me ha llegado cierto aroma de generación que me gusta, muchos trasuntos creativos que conforman el poso de una época y que en esta revista parecen cobrar nexos [haciendo el símil gramatical, podríamos decir que los hay coordinantes y subordinantes] capaces de hacer un hermoso esbozo de tiempo compartido en ética y estética. Las propuestas presentadas, las imágenes, los textos... remiten siempre a un imparable “eppur si muove” que hace crecer la esperanza en tipos medio apartados del mundo, como yo. Hay esperanza porque aún hay empeño en hacer sin esperar, en mantener un 'continuo' activo aún en el mayor de los aislamientos, en desarrollar campos estéticos y filosóficos [esto incluye también campos morales] distintos a los desnortados caminos que vienen de esas adoraciones nocturnas a lo establecido... y “Standdart” compila todo eso para mostrarlo unido con un algo diáfano que lo aparta del pastiche.
Hoy, después de mi segunda lectura del número tres de la revista, digo con más fuerza y con más convencimiento que el duro trabajo realizado por Hugo Izarra y su gente ofrece un solucionario brillante y, por qué no, divertidísimo... un solucionario que pone las tildes correctas en cada uno de los tipos que presenta como iconos vivos de lo que es el mundo lanzado hacia adelante.
Como digo, lo que más me ha gustado es el perfume de ‘generación’ que emana la revista, configurándola como una guía imprescindible de por dónde van y de por dónde van a ir los tiros... y me da en la nariz que terminará siendo una publicación de culto para muchos que, como yo, nos sentimos huérfanos ante toda esa mierda de papel couché que se mueve al pairo del dinero oficial y, por ende, de la cultura oficial.
No podía por menos que hacer hoy una segunda entrega alrededor de “Satanddart”.
Vuelvo a repetir, por si las moscas: “perfume de generación”.

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