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Torcida tarde de lectura.


Ante el acontecer tedioso del día, que llueve como si jamás hubiera llovido y las calles están vacías como bolsas vacías, decidí tomar unos libros de mi biblioteca y hacer una relectura tranquila de Jorge Riechmann [“El día que dejé de leer El País” y “Ecopoemas”], un poeta al que conozco en persona desde hace unos años y que siempre me ha traído cierto desasosiego por un no sé qué personal y también literario. Ya fuera de los ‘ismos’ y de las guerras de tradición, del empeño en estar ubicado en cierto lugar poético buscando compañeros de viaje y manteniéndoles cierta mirada angélica, la obra de Riechmann me rechina fundamentalmente en su adoptado carácter de ‘poesía’... sí, existen cortes versales y silencios de página, formas solo externas que sugieren al primer golpe de vista que estamos ante un poemario... pero al leer encontramos otra cosa muy distinta, un texto entrecortado de presentación de ideas, fundamentalmente de carácter ético y político, que poco tienen que ver [desde mi punto de vista ni se acercan] con los laxos -en estos tiempos- cánones poéticos que serían indicativo de que hay algo más allá de lo que se dice... pero no existe el cómo se dice poético. Veamos un ejemplo sobre la transcripción de una de las piezas de ‘Ecopoemas’:

Se nos acaban 
las letras 

para bautizar a los huracanes tropicales

Nunca las primeras letras del alfabeto griego 
fueron tan ominosas 
pero la verdad oficial 
en los Estados Unidos de América 
sigue siendo que no hay calentamiento del clima 
en el planeta Tierra 
ni en ninguna otra esquina del Sistema Solar

-incluso en Nueva Orleans

impera la patriótica verdad, aunque no queden

después de Katrina 
vecinos para contarlo-

y que si hubiera cambio climático 
no se debería a la actividad humana

y que si incluso si lo hubiera 
y fuese achacable a la actividad humana 
seguramente no sería tan malo

y que si a lo peor fuese malo
al menos no lo sería para nosotros

y que si por desgracia fuese para nosotros
al menos no lo sería hasta dentro de un tiempo

¡y que decir otra cosa
es dar alas al terrorismo!

Qué solecito tan rico esta mañana

¿Hay ritmo externo o interno?... ¿Hay un ‘decir’ poético?... ¿Hay alguna señal de medida buscada o de ruptura de la misma?... Yo veo solo un texto entrecortado que quizás estuviera mejor en el formato párrafo que en el de versos, que quizás tendría una presentación más entendible si se le quita esa licencia –¿poética?– de no puntuar... y, sí, se dice algo, hay un mensaje claro que responde a un contexto ético, pero con solo esos mimbres, el texto –¿poema?– podría ser cualquier otra cosa sin o con sonrojo.
Si este es uno de los caminos de la poesía actual, yo pido inmediatamente borrarme del asunto y dedicarme a otras cosas –que quizás es lo que debiera hacer según quienes me denostan junto a mis otras cosas–, que una cosa es hablar claro, pelear por una ideología y ciertas causas, cabrearse por cómo va el mundo e intentar arbitrar soluciones por escrito... y otra muy diferente es hacer poemas con esos contenidos, que se pueden hacer y hay muchos poemas del compromiso social que son capaces de convocar mensajes de tal calado sobre formas poéticas trabajadas.
Jorge no es una persona que me caiga mal, pero esta tarde me ha desencantado profundamente al acercarme de nuevo a sus trabajos después de un montón de meses sin hacerlo. No es mi afán polemizar al respecto, pues a estas alturas y con esta edad, uno piensa lo que piensa y se sorprende cuando algo no le cuadra.
Magnífico siempre el trabajo de Riechmann en su vertiente de ‘intento’ y ‘lucha’ por transformar el mundo... magníficas las elecciones temáticas y la constante ética en su discurso... pero nada de poesía que se acerque a mi gusto estético [respeto a quienes piensen lo contrario, pues para gustos se hicieron los colores, pero me gustaría contar con un argumentario en la dirección opuesta a mi opinión, y dudo mucho que acabase convencido después de la lectura que acabo de terminar].
Quizás es que hay días en los que uno no debiera acercarse a ciertas propuestas de carácter literario, poético, creativo [uno de esos, yo qué sé]... y éste es uno de esos días.

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