Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando entradas de septiembre 1, 2009

Jo, no quedan bombones...

Jo, no quedan bombones helados en la nevera y tenía ganitas, esas ganitas rojas que me llegan a veces como escándalos… en fin, Coke caliente. Y que son días de festejo por la zona, y me pongo entre agrio y medio tontino porque no encuentro aparcamiento y el gentío me asusta y el ruido me molesta y la bebida sobra en esa jodida musa de los muchachos que los lleva a la ebriedad más gansa sin motivos razonables… pero sigo el camino y salgo al purulento observatorio de la noche para tomar notitas en mi agenda de tipo insoportable: • Como nadie hace nada, será mejor beber. • Este absurdo de hoy es el vacío de las calles de mañana. • Me basto sin que estéis. Ése es mi oficio. • La Virgen llena la calle de borrachos… será que Dios es vino. • ¿Por qué las chiquillas de 2009 parecen prostitutas de 1970? • Algo hemos hecho mal… ¿serán las hamburguesas? • ¿Hacia dónde se dirigirán vuestros pasos, muchachos, después de la última mentira? • La verdad llegará con su fuego pasado mañana… y no será po...

Jean Baudrillard

“¿Qué ángel llevas oculto en la mejilla?”, me preguntó, y me miré las manos manchadas de carbón… solo se me ocurrió ponerlas sobre su camisa blanca para sentir esas albricias locas de un cuerpo masculino… El tipo era bajito, pero miraba hondo y no encajaba en el paisaje del Queensborough… y yo lo deseé tanto como una huida, igual que a la muerte por las tardes, doblado ante los montes de carbón, cuando el trabajo me deja tumefacto deambulando por las calles y fumo cigarrillos liados para salvar el tráfago azaroso de la muerte… ••• Contaré un secreto que tiene mucho que ver con mi escritura… pero, ojo, es un secreto… así que no se lo digáis a nadie. Soy, desde hace unos años, un fanático frenético de frenopático de la obra visionaria de Jean Baudrillard… me fascina su curiosidad extrema, aquel encenderse un cigarrillo tras otro mientras conversaba [yo lo imito al dedillo en esa fragua], su pasión acerada por los desiertos, lo dejado de lado que le tuvo la intelectualidad durante una cab...

Huérfanas.

El día siempre trae sus curiosidades, y la de hoy me ha llegado por la lectura de “Un armario lleno de sombra”, del amigo Antonio Gamoneda [un libro entrañable, triste y ameno, por cierto]… retomé lectura en la página 129 y, al llegar a la página 135, me encontré una huérfana [para quien no lo sepa, es la primera línea de un párrafo que aparece al final de la página anterior a dicho párrafo, que está en la siguiente, por lo que aparece aislada de su contexto, vamos, un error tipográfico] que me dejó alborotado por un ratito [me encanta encontrar errores tipográficos y ortográficos en los libros de grandes editoriales… en este caso es Galaxia Gutenberg]. Lo anoté y continué mi lectura bien animado hasta llegar a la página 201, donde volví a encontrarme otra maravillosa huérfana… y ya detuve mi lectura como si hubiera conseguido un gran trofeo… nada más y nada menos que dos huérfanas en un librito de 240 páginas de los Galaxy…. Je, je… Debe entenderse que por mi larga trayectoria de edit...

Me seduce seducir.

Me seduce ver a una mujer fumar, ver a una mujer leer, ver a una mujer caminar delante de mí, ver a una mujer desnudándose frente a un espejo… me seducen demasiados asuntos de corte femenino mezclados con cierta cosa estética… pero lo que realmente me seduce es seducir, pero no a otra mirada [esa mirada real que se nos pone enfrente], ni en ese plano físico de la carne, sino en el lugar de la lectura, en el sitio de las ideas, en esa máquina desconocida capaz de capturar deseos sin que medien las alquimias de la bioquímica… seducir desde una retórica del simulacro, desde el juego de esconder y decir a la vez, desde la provocación a cada uno de los sentidos, desde una polisemia solo digna de quienes deseen entrar en mi juego de seducción, sugerir con intención de que se me odie o se me quiera [o ambas cosas], provocar el prodigio significativo de una palabra retorciéndolo, insinuar un enigma en cada frase y perderme en sus fauces con quien desee acompañarme… y para seducir, a veces me...

Jodido gazpacho...

Me encierro en mí y camino y cosen las mujeres en la mesa camilla de la ventana mientras la lunática lleva un agujero en la media por la acera con su hilo amarillo… dice a voces, mientras camina sobre el vado, “no aparcar, no aparcar, no aparcar…” y sonríe con su boca de muecas y se rasca las nalgas… “no aparcar, no aparcar, no aparcar”… pasa una auto con prisa y la lúnatica ruge furiosa… “¡nooooooo apaaaaaaarcaaaaaaar, jodeeeer!”… y se saca monedas de no sé dónde y se las tira a los curiosos que osan dirigirle una mirada… “tú eres Morín, el de la Flori, el más malo de tu casa, que te lo comes todo… mierda… mierda… Morín, y tu abuelo el Jesús, que murió manco… eres malo porque siempre miras mal y te vas a morir un día en Correos… no aparcar, no aparcar, no aparcaaaaaaaaaaar…”. Llegan algunas nubes del noroeste y me desencierro con la esperanza de que afloje la temperatura… trabajo mal en el trabajo y cierro. A mediatarde, cenita semicampestre para despedir al tío Antonio y a su santa [...

Os juro que lo intento.

Juro que lo intento, que intento escribir bien cada día, que busco el lugar silencioso y me pongo a la faena con los guantes de piel que son las manos… y a veces me siento como un yonki si no encuentro el momento de escribir, y soy el desequilibrado del día o de la noche, y escribo en la cabeza mientras me hablan… juro que lo intento, que intento escribir como los ángeles y desgastarme por dentro hasta soltarlo todo en forma de palabras, que me vacío, que sufro hasta pellizcarme los muslos si no encuentro palabras que describan lo que quiero… Pero, ¿para qué escribo?, ¿para quién escribo?... yo qué sé. Verás, cuando no puedo con el alma y estoy espeso y no acierto a saber de qué decir o cómo… me voy a lo caótico y describo como un loro atontado cada imagen que estalla en mi cabeza, me dejo y sale todo como un vómito hermoso hasta que llega el tiempo de la calma y unos puntos suspensivos me vuelven a mi estado primigenio. Otros días, sin más, escribo a tientas, como el ciego que sabe lo...